La incomodidad se transformó en paranoia y la paranoia en rutina. No es que el miedo y la incomodidad se desvanezcan, simplemente dejan de ser extraños visitantes y se convierten en residentes permanentes de mi cabeza; así como lo que sea que me está persiguiendo. Poco a poco he tratado de delimitar esta anomalía. Estoy segura que aquello que me observa, habita en alguno de mis dos cerebros. Los electroneurólogos a los que tengo que visitar con cierta frecuencia me dicen que todo está en orden; yo no lo creo.
Cada vez era más frecuente para mí tener ataques de migraña. Me despertaba con dolores de alguna pesadilla que no podía recordar. Sentía como mi cabeza trabajaba de más innecesariamente, como si estuviese tratando de pensar algo sin que yo se lo pidiese.
Los estigmas de la ciudad me están jodiendo de una u otra forma, cada vez que voy, mi paranoia se intensifica y me lleva al borde de la ansiedad. Las pantallas, los hologramas, las bocinas... todo me invade súbitamente y termino agotada. Hoy fui a la ciudad por última vez. El cansancio de las noches pasadas junto con la densidad de la ciudad me dejaron rendida mientras esperaba el tren...